No me concentro. Me siento, con una idea bullendo dentro de mi cabeza; sacudo mis manos como gesto de precalentamiento, roto mi cuello un par de veces a cada lado, abro los ojos a tope varias veces, me estiro las muñecas, lanzo mis dedos sobre el teclado y … clac… Un moscardón gigantesco choca contra el cristal y contra toda mi concentración. Lo miro, viendo como intenta atravesar el cristal intacto, no como la otra cosa con la que ha chocado, que se esparce a mi pies hecha pedazos; verde, brillante, hasta lustroso podríamos decir, de unos cuantos gramos de peso y patas musculadas y peludas, ojos grandes azulados… Con tanto pelo que hasta se podría hacer un abrigo… Y me digo “voy a abrirle la ventana, así se irá y podré volver a empezar”. Abro la ventana y, tras un par de zumbidos se va.

No me concentro. Me siento, con otra idea bullendo de nuevo dentro de mi cabeza; sacudo mis manos como gesto de precalentamiento, roto mi cuello un par de veces a cada lado, abro los ojos a tope varias veces, me estiro las muñecas, lanzo mis dedos sobre el teclado y … ding dong… Suena el timbre de la calle. Miro al techo, pidiendo ayuda divina, aunque no sé muy bien para qué; supongo que esa ayuda llega para los que tienen fe, y la verdad, viendo el mundo en que vivimos… Me levanto. Me asomo al balcón. “¿Siiiii?” “Soy de Seur, le traigo un paqueteeee” “Valeeee, ahora bajoooo”. Cojo la cartera, abro la puerta, la cierro y bajo las escaleras. Me espera un tipo gordito, con cara de estar cansado. Me entrega un paquete. Pago. Se va. Subo los cuatro pisos sin ascensor. Vuelvo a abrir la puerta, a cerrarla. Abro el paquete: un libro de Islandia y un mapa. Del mismo país, claro. Bien. Luego lo miraré. ahora hay que escribir.

No me concentro. Me siento, con una nueva idea bullendo dentro de mi cabeza; sacudo mis manos como gesto de precalentamiento, roto mi cuello un par de veces a cada lado, abro los ojos a tope varias veces, me estiro las muñecas, lanzo mis dedos sobre el teclado y … clac, cloc … El moscardón de antes, que se ha traido a toda la familia de vacaciones a mi casa. Y ahí andan, intentando pulsar las teclas de mi teclado, romper el cristal de la ventana, comerse mi inspiración y mis guitarras…

Nada. Hoy toca darse por vencido…

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