… que se escurren como arena entre los dedos para no volver jamás. Y es que a menudo el tiempo transcurre a diferente velocidad; unas veces diecisiete minutos se vuelven interminables y sin embargo, otras, la única pregunta que viene a tu mente, a tus labios es “¿ya?”. Pues sí, ya: han pasado poco más de mil segundos, el tiempo aproximado de cuatro canciones, eso es todo. Y hoy no hay más…

Me voy de allí, a cumplir con mis obligaciones de compañero responsable. Me encuentro con uno. Entramos en eso que llaman la casa de dios. Hay mucha gente dentro. Veo a más compañeros desperdigados por aquí y por allí. A lo lejos, alguien comienza a hablar con voz monocorde. Mi mente se evade. Ni le escucho. Y esos mil escasos segundos se convierten en casi una hora, contigo pero sin ti. A eso se le llama estirar el tiempo.

Salgo, me despido,me monto sobre mi moto y arranco. Al pasar por tu plaza, desde la que se ve un balcón que tiene un par de sillas blancas, bajo la velocidad, pero no hay nadie. Acelero y desaparezco, como el puñado de segundos que dan título a esta entrada. Y ahora…

Ahora, miles de segundos, muchos miles, demasiados, hasta la siguiente vez…

Abrazo y medio;-)

Anuncios