Solía almacenarlos en una cajita de metal: pequeños recuerdos con forma de algo, imágenes de un tiempo pasado… Pequeñas fotografías en las que se veía cómo era ella hace muchos años, imágenes en blanco y negro, vestida con cofia blanca en la foto de su primera comunión, con sus hermanos, posando para una cámara que alguien había conseguido, o la familia completa reunida alrededor de una mesa para alguna celebración; sus vestidos hippies pasados de moda, llenos de colores que no se podían distinguir en el papel amarillento… Toda una vida encerrada en una caja de metal; una vida formada de recuerdos, experiencias, momentos buenos y malos, unos intensos y otros para olvidar…

Se levantaba, día tras día, se miraba al espejo y buscaba encontrarse en la imagen que éste le reflejaba; sí, suponía, que esa mujer que le miraba tras esos ojos claros era ella. Encendía una pequeña radio a pilas que tenía, y sintonizaba esa emisora que, todos los días a la misma hora, emitía esa vieja canción, “I’ll be your lover, too” de Van Morrison. Salía a su balcón y miraba alrededor; nada parecía haber cambiado, y sin embargo… Era todo tan distinto…La voz de Morrison le acompañaba… “You’ll be my queen… I’ll be your king… Yeah, I’ll be your lover too… Yes, I will…”

Miraba alrededor… Todos aquellos objetos conseguidos a lo largo de su vida… Unos con historia, otros sin nada que contar y algunos, algunos sobre los que se podrían escribir libros… Aquella era la magia de los recuerdos, de los que tenían forma de algo…

Y luego estaban los otros…

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