Sí, lo sé: es el título ideal para una nueva película del actor ese que ha sido presidente de California, ese austriaco lleno de músculos que en sus películas zanja sus diferencias a tiro limpio, un modo como otro cualquiera de llegar a un acuerdo. Es un poco más sucio, pero bueno, nada que un buen fregado no pueda arreglar.

Pero no, no van por ahí los tiros, no. Vuelvo a uno de mis temas recurrentes favoritos como es…. venga, os dejo un tiempo para que lo penséis… A ver… ¿Qué tiene que ver Persecutor con los cuentos de hadas y princesas? Nada… Entonces ese no es… mmm… ¿Música entonces? Bueno, podría ser un nuevo grupo de metal, pero la verdad, no me imagino a Mr. Arnold cantando heavy. Y eso que seguro que lo ha hecho en alguna de sus obras insuperables (nótese el tono ligeramente irónico), esas grandes películas llenas de sensibilidad y contenido social (frases memorable cargadas de romanticismo como “I’ll be back”, “saionara baby”, “si sangra podemos matarlo”, “¿Recuerdas que te dije que te mataría el último? Mentí”… Aish, que tierno…)… mmm… Entonces sólo queda… Sí, vamos, dilo, ahí, sé que lo tienes en la punta de la lengua…

Efectivamente: Las empresas de telefonía, esas grandes empresas cuyo fin verdadero no es el beneficio propio en contra de lo que pudiera parecer, no, sino el bienestar y el ahorro del consumidor ya que, aparte de molestarse en tu lugar poniéndose a buscar las mejores ofertas (que no sé porqué pero siempre son de la empresa que te llama en ese momento… supongo que será casualidad…), se molestan en avisarte, con el coste que eso conlleva para sus doloridas arcas que, como las de todas las empresas hoy en día, andan sufriendo con esto de “la crisis”. Y además, nunca, absolutamente nunca, la empresa que te llama está intentando timarte; no, eso no, siempre son las demás, pero ellos no, nunca lo harían. Como lo de abandonar al perro, ellas nunca lo harían.

Persecutor tiene, en esta mi nueva peli, forma y armas de mujer. Aquí debería aparecer el logo de Dreamworks, con una música del tipo de la de las escenas de lucha de Gladiator. Una imagen rápida muestra a una ejecutiva de aspecto serio, con un cuerpo de vértigo enfundado en un elegante traje ceñido de tono oscuro, melena rubia suelta al viento, un maletín de cuero en la mano derecha, un móvil de última generación en la izquierda, mirada de ojos negros hermosa y desafiante a la vez, entrando rápido a un ascensor. Nuevo fogonazo donde se ve llegando a su despacho. Abre el maletín, sonríe terroríficamente, descuelga el pesado teléfono que brilla lustroso sobre el escritorio, marca un número y… Se convierte en Persecutor: La bestia que, implacable, persigue al consumidor hasta que consigue que le venda su alma, a ciegas, y con un compromiso de permanencia de al menos un año. La música sigue, siniestra, tétrica, llenando la sala, atronadora, mientras los espectadores se encogen, aterrados, en sus butacas, porque saben que eso les podría pasar perfectamente a cualquiera de ellos…

Pues eso, que andan los de Euskaltel dándome el coñazo; una llamada cada veinte minutos, desde el viernes pasado… Jejeje… Probaremos a ver quién se cansa antes… A ver quién vence, si la mala malísima de esta película, Persecutor, o el pequeño superhéroe con aspecto de antihéroe, Inmutator…

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