Escribir es un poco como jugar a ser dios, pero un dios con minúscula para aquellos que creen; para los que no lo hacen, sería algo así como… No sé, es complicado; pues imagínate para los budistas, con reencarnaciones y demás…Y ya para los agnóstic…. Que ya me estoy liando. Yo sólo quería poner la primera frase: Escribir es un poco como jugar a ser dios. Hala. Ya está. Olvidad el resto.

Sí, porque partes de una hoja en blanco. Bueno, aquí hay que tener en cuenta que he padecido una educación católica y que pasé tropecientos años en un cole de curas con misa va y misa viene, y que tras tanto tiempo de lavado de cerebro infructuoso, alguna pequeña fisura teológica debieron encontrar; por eso pido disculpas anticipadas si lo que vaya a escribir a partir de ahora (desconocido incluso para mi, ya que rara vez sé a dónde va a llevarme mi mente tortuosa) hace referencia a algún tipo de fé identificable. Uf. Creo que ha sido una de las frases más largas y estresantes de toda mi vida.

Pues eso, que partes de una hoja en blanco. Posteriormente vas creando el decorado: una playa, un mar por el que cruza un velero, una casa tenebrosa como la del otro día, un monte, un despertar… Luego la iluminación y el clima: la luna llena en una noche clara llena de estrellas, el sol, una tempestad de fuerza inusitada que destroza todo a su paso, una suave brisa primaveral de esas que te hace sentir vivo… Luego la ambientación y los pequeños detalles: una cafetería con o sin gente sentada, o una terraza en la mitad de un parque, con niños jugando, o jóvenes y no tan jóvenes dándole al botellón, un cuadro con hermosas vistas al mar colgando de una pared, una taza de café, blanca y negra, una guitarra y un bajo, en un rincón, un sofá azul, o rojo… Luego creas los personajes y su carácter; ella, hermosa, de mirada celeste y con más fuerza de la que crée tener, o alta y morena, elegante y evasiva a la vez; él, despistado, ingenuo y un poco pardillo; algunos amigos, secundarios de lujo que rellenan las páginas… Y luego, y esto es lo más jodido, te inventas su historia.

Y aunque pueda parecer que esto es lo más fácil, pues puedes hacer lo que quieras con todo ello, nada más lejos de la realidad. Algunos optan por relatar sucesos de su vida, que cuando no son conflictivos puede resultar sencillo e incluso, porqué no, divertido. Pero los que me admiran son aquellos capaces de inventar desde cero absolutamente todo: los personajes, el decorado, la trama… Y la fuerza de voluntad que necesitan para pasarse días, semanas, meses e incluso años dedicándose por entero a recrear un mundo ficticio y que sólo existe dentro de sus cabezas, pero que existe con tal riqueza de detalles que parece ser real.

A todos ellos, y a vosotros, mi más sincera enhorabuena.

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