… y tardes y mañanas… Supongo que no te haces a la idea de cuanto te voy a echar de menos, ¿verdad? Hemos pasado tantos años juntos, mi piel contra la tuya, que se me va a hacer extraño que no estés a mi lado. Y aunque aún faltan unos días para que te vayas del todo, aun no te has ido y ya te añoro…

Más de diez años ya, quién diría… Y todo comenzó como un flechazo; iba yo caminando y te ví. Me detuve en seco. Todo fue tan rápido… Unos días después vivías conmigo. Me acompañaste mientras estudiaba aquellos cuatro años de carrera, con cada una de las asignaturas, viéndome a veces triunfar y otras caer… Y en esas, allí estabas, a mi lado, para ayudarme a levantarme y volver a luchar. Juntos despertamos aquella tarde en la que pudo cambiar el mundo y en parte lo hizo, aunque no de manera tan catastrófica como creímos en aquel primer momento en que abrimos los ojos y, al encender la tele para ver cuanto tiempo habíamos dormido, vimos arder dos edificios iguales en todas las cadenas, para acabar derrumbándose… Juntos pasamos tantos momentos buenos y tantos duros… Noches largas de insomnio, charlas hasta altas horas de la madrugada… Pero todo aquello se acabó. Para siempre.

Sé que nada volverá a ser como antes; ese enorme hueco que dejas no podrá volver a ser llenado, y todo eso que hemos vivido juntos quedará ahí, guardadito, para siempre. Echaré de menos tu tapizado azul y amarillo, tus cojines blanditos y hasta las largas noches en vela en que me iba a tu lado a intentar dormir, a veces al suelo, a veces sobre tí, con el brillo irregular de la tele de fondo…

Adiós, querido sofá azul. Te echaré de menos…

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