Acaba la última línea y cierro el libro; lo agarro con las dos manos a la vez y me lo apoyo en los labios. Lo tengo así unos segundos. Cojo aire y expiro, con fuerza. Siempre el mismo ritual. Luego lo dejo sobre la mesa, donde se quedará unos días hasta que me acuerde de recogerlo y luego a la estantería de donde, con algo de suerte, igual vuelve a salir un par de veces en toda su vida.

Me pongo a pensar y, a lo largo de todos los años que han pasado desde que aprendí a leer, han pasado por un ritual semejante un montón de libros. Muchos de ellos los he olvidado ya, bien porque cayeron en mis manos a edad muy temprana, bien porque no merecían la pena ser recordados. Pero otros ahí siguen; de vez en cuando asoman, y te recuerdan alguna escena… El romance de Meggie y el padre Ralph en el pájaro canta hasta morir… Un exdelincuente que simula trastornos psíquicos para evitar una condena y que es internado en un hospital psiquiátrico, en alguien voló sobre el nido del cuco… Los cientos de cartas que comienzan con Querido Dios en el color púrpura… Todos y cada uno de los personajes de la serie dedicada a la historia de Roma de la misma autora que el pájaro espino… Los puentes de Madison, un libro capaz de emocionar como pocos… Cómo no, el Príncipe de las Mareas… Algunos de los primeros de Stephen King… El Conde de Montecristo… Los buscadores de conchas… Otros divertidos, como Sakamura, Corrales y los muertos rientes (fantástica sátira de la época actual, pese al título), o ardor guerrero… Algunas biografías espectaculares, como la magnífica obra de Ian Kershaw sobre aquel loco con bigote que casi cambia al mundo… O uno de mis últimos descubrimientos, el señor Marukami… Hay tantos y algunos tan buenos…

Hoy acabo de repetir el ritual. Sobre la mesa descansa, en edición de bolsillo, un pedazo de libro con una pedazo de historia de un tal David Nichols sobre la que ya hablé el otro día, titulado Siempre el mismo día. Pocas veces me he metido tanto en la historia, por lo que no sé si recomendarlo al resto del mundo, pero bueno, lo haré; aunque mejor igual no lo hago, ya que es de esos que enganchan y te obligan a llevar más peso en la maleta, pues te lo vas a acabar enseguida.

Sin más, si lo leéis, espero que os guste.

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