– ¿Te imaginas?

– ¿Qué?

– ¿Qué será de nuestras vidas entonces?.- Él sonríe. Lo que se imagina es muy diferente a lo que crée que realmente ocurrirá.

– Pues imagino que todo será más o menos como ahora. Trabajaremos ambos, nos veremos de vez en cuando, tomaremos un café, pasearemos… Me contarás tus viajes, te contaré los míos… Pasearemos una sillita de bebé…- Ella lo mira sorprendido.

– ¿De bebé?.- Él asiente.- Y el padre… ¿quién será?.- Él se encoge de hombros y cambia de tema.

– Y yo tendré muchísimo trabajo, preparando mi parte referente a lo de la ciudad cultural, en una ciudad que ni siquiera tuvo feria del libro este año… Ya ves.- Sonríe con cinismo. Ella le mira divertida, aunque un poco resentida por el cambio de tema. Le agarra del hombro y le sacude.

– Eh. Tú. No me cambies de tema. ¿Quién será el padre?.- Él se ríe y le guiña un ojo. Vuelve a encogerse de hombros.

– ¿Te he contado que dentro de unos días damos otro concierto?.- Ella hace un gesto de pegarle con el paraguas y él inicia una carrera corta.

– Bobo.- Dice, enfurruñada. Él le lanza un beso desde la distancia y espera a que se ponga a su altura, para caminar a su lado.

“Bobo”, piensa él; sonríe… “No sabes cuanto…”. Y sus pasos les alejan del quiosco lleno de portadas de diarios que celebran el triunfo de su Ciudad Dormida…

Anuncios