… Y al volver, siempre te queda la duda de si realmente te has ido…

…faltan tan sólo unas pocas horas… miras el reloj una y otra vez, ansioso, esperando que de la hora… sales a todo correr, cruzas la Ciudad Dormida, hasta tu casa… subes corriendo las escaleras… abres el trasterillo donde guardas tu mochila, pero no esa que te ha acompañado a mil lugares; en su lugar hay una nueva mochila, con muchos menos colores, sólo uno: gris… justo como te sabes en ese instante… la abres, de arriba a abajo: por una vez has elegido bien… empiezas a llenarla, como siempre, de los pies a la cabeza y de dentro hacia afuera: calcetines, ropa interior, bañador, pantalones, camisetas diversas, ropa de abrigo, gorro, cubasquero, potente esta vez… luego complementos… y luego la de mano, con libros, máquina, objetivos, cuaderno en el que no escribirás una sóla palabra, cartera, documentaciones varias, y cargadores; miles de cargadores… un símbolo de la esclavitud tecnológica a la que nos hemos sometido… pesas la mochila, sabiendo que te quedas muy lejos de peso máximo autorizado; ¿señal de experiencia y de saber dejar lo superfluo a un lado, para vivir con lo justo? No creo… ves la tele un rato, para guardarla en el recuerdo, pues no sabrás nada de ella en dos semanas… afortunadamente… y te vas a dormir..

… amanece otro día gris; parece un recurso literario, pero no: es así… otro día gris detrás de una semana de días grises… te levantas… te cargas a la espalda tus catorce kilos de mochila, que incluyen una tienda de campaña (tres), unos pucheros (dos), un saco (uno), una esterilla (uno), unas pesadas botas de monte (otro) y la propia mochila (casi dos)… haces la resta… no, mucho no llevas para dieciseis días… abres la puerta de tu casa, la cruzas y la cierras…

… bajas las escaleras… llegas al autobús… te subes, pagas y vas mirando por el cristal, como si fuera la última vez que vas a volver a ver todo aquello… aunque sabes que no, que no es así, que es tan sólo un espejismo, una excursión lejos y larga, nada más…

… llegas a una estación… te subes a un tren que alguna vez has cogido… te bajas… y te subes a un avión, que te lleva a otra parte del mundo… y allí sueñas con otros paisajes, con otros idiomas, con otra gente, con otra flora y otra fauna… y otro clima… y sueñas cosas que no imaginarías… y sueñas con una fuerza que te hace que todo aquello parezca real… durante dos semanas…

… otro avión… otro tren… y de nuevo todo conocido; la misma gente, las mismas caras, los mismos edificios, sonidos… la misma curva a la derecha… y sientes que sí, que tenías razón y que aquello, efectivamente, no era más que un sueño… miras las fotos… dibujos… textos… nada de aquello era real… lo real es esto: cuatro paredes… una ventana… guitarras a mi derecha y a mi izquierda… una taza de café… sí, blanca y negra, has adivinado…

… y estás ahí otra vez… has vuelto… y al rato te asalta la duda… ¿realmente te has ido?… si lo que queremos es viajar… ¿para qué volvemos?… los mismos árboles, los mismos problemas… todo gira… y acaba en el mismo sitio…

… volver, para seguir escribiendo miles de puntos suspensivos;-)

Anuncios