Paseaba tranquilo por entre las calles de la Ciudad Dormida, engalanada con sus mejores galas (o sea, con nada de especial) para vivir sus fiestas una vez más: como todos los años a mediados de agosto, padres e hijos irían juntos a decir “ooohhs” y “aaahhhhs” a las once menos cuarto de la noche durante una semana a ver los fuegos artificiales y a comerse, después, un helado de limón. Después, de rumbo a casa, contemplaran de brazos cruzados y casi sin una sonrisa como algunos músicos intentan, con todos sus esfuerzos, conseguir ya no que bailen sino que aunque sea, marquen un poco el ritmo con la cabeza, una batalla que los pobres no saben que tienen perdida. Los habitantes de la Ciudad Dormida son así: fríos como el hielo, y tan participativos en una fiesta como una de las macetas de una de las ventanas de la casa de enfrente a donde ésta tiene lugar. Qué vamos a hacerle…

Pues eso, que paseaba tranquilo por entre las calles de la Ciudad Dormida cuando, tras una manifestación en la que salía un pollo amarillo y una rana verde (sí, no me he tomado nada, tranquilos), aparecía un camión de una conocida marca de cerveza cuyo nombre empieza por vocal (no hago publicidad porque esto puede leerlo algún niño (espero que no, por dios) y porque qué caramba, no estamos para hacer publicidad gratis), descorría su toldo y en su interior aparecían tres músicos, guitarra, bajo y… Chiste de músicos: ¿Al batería se le puede considerar músico?… jeje… Pues eso, y un batería (claro que sí). Y comienzan a descargar durante veinte minutos una andanada de acordes al mejor estilo Wolfmother, o Led Zeppelin. Y bastante bien, por cierto, pese a que se les ve con cierta falta de espacio…

Y, tras verles, me surge la pregunta… ¿Cómo vamos a hacerlo nosotros, que somos seis, para tocar donde tres andaban justos?

Uf… Vaya martes que vamos a tener;-)

Por cierto, no lo he mencionado antes: el grupo se llama Boogie Van. Por si alguien está interesado, su myspace es:

www.myspace.com/laboogievan

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