No había demasiada gente en la sala: me esperaba un recinto abarrotado y la verdad, estaba muy lejos de estarlo. Seríamos apenas quinientos, pero eso sí, entregados desde la primera canción, como buenos hardrockeros (no digo heavies porque luego me dicen que Mr. Big no hacen heavy).

Las luces se apagaron y, unos segundos más tarde, el señor Eric Martin salió a escena, seguido de Mr. Pat Torpey y los inconmensurables Paul Gilbert y Billy Sheenah (enorme también, pero un pco brasas). Y comenzó el show. Y se iban sucediendo los hits, uno tras otro, sin que faltara ninguno, intercalados con alguno de los temas de su último disco y que, en mi modesta opinión, son técnicamente impecables pero están un poco faltos de inspiración.

El sonido fue lo más cercano a perfecto que he oído en esa sala (perfecto sería la excepcional actuación que realizó Vinnie Moore creo que fue el año pasado). Algo que debo agradecer a la banda: fue la primera vez en mucho tiempo que no salgo sordo de un concierto: como ya estaba hasta los huevos de los últimos bolos me había llevado tapones y no tuve que usarlos. Y los músicos demostraron que tienen más tablas que todas las hogueras de San Juan una al lado de otra: sonrisas, poses… Buen rollito en general. Muy agradable. Y originales, cambiándose los instrumentos entre ellos para interpretar Smoke on the water, de los Purple.

¿Algo a destacar? Varias cosas. Primera: El señor Sheenah no se me hizo tan “pesado” como esperaba, aunque el sólo de bajo fue una chapa de escándalo, según lo previsto. Segunda: Eric Martin está muy pero que muy justito de voz, algo también esperado. Tercera: Odio a Paul Gilbert. Lo odio por tocar cosas imposibles aparentemente sin esfuerzo mientras sonríe mirando al tendido, vacilando a la gente y charlando con un técnico. Lo odio.

Pero cómo toca el muy cabrón…

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