Sí, era yo el que tocaba el piano… Siento haberte despertado… Pero estabas ahí, dormida, tan hermosa que no pude evitarlo… Algo se formó en mi mente; esta vez no fueron palabras sino notas; un arpegio en do menor, que podría sonar melancólico, pero no sonaba así… Era hermoso… Siento haberte despertado…

Como cada vez que termina una canción, la mía se evaporó en el silencio que se produce justo al terminar de sonar la última de sus notas… Fue algo breve, hermoso, que no dejó rastro alguno sobre esta tierra cruel en la que vivimos; nada, ni una señal, ni una marca… Sólo un sentimiento que el tiempo se ocupará de borrar… Una vibración, nada más… Algo que podría ser considerado como poco más que un conjunto de diversas variaciones de frecuencia repetitivas, y que sea capaz de provocar tantas sensaciones… Tu sonrisa al despertar, franca y sincera, y la mía, feliz al saber que te gusta lo que mis dedos ejecutan sobre las teclas del piano…

Siento haberte despertado… O quizás ya estabas despierta y me observabas en silencio mientras, concentrado, intentaba extraer de mi cabeza aquel conjunto de notas… Te imaginaba, mientras, tumbada de costado, con tu mirada clavada en mi mientras dormía… Y te recordaba cuando, al abrirlos, aquel día lo primero que me encontré fue tu sonrisa llena de ternura, en la semioscuridad de aquel extraño amanecer… Siento haberte despertado….

Vuelve, sí, vuelve la lluvia… Espero que no tanta como aquel invierno… Veo correr las nubes, como siempre, tras la ventana… Debería estar ahí fuera, mojándome… Atravesando el bosque, sintiéndome vivo… Sintiendo resbalar cada una de las gotas de caen del cielo, recorren mi cuerpo y quedan allí, unos metros más lejos que el lugar que había sido elegido para ellas… Y mientras escuchar lo que alguien compuso alguna vez, quién sabe si sintiendo haber despertado a alguien en algún lugar del mundo, con la luz colándose furtiva por la ventana…

Siento haberte despertado…

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