Bueno, ya he terminado de preparar la comida para mañana, así que me puedo dedicar en alma y cuerpo a ejercer una de mis aficiones más destacadas: ejercer de crítico de cine sin escrúpulos sin tener ni repajolera idea del tema. Ya. Ya sé qué me vais a preguntar, sí, os leo la mente… Que entonces, en qué me diferencio del resto de los críticos… Mira que sois malvados… Que la pregunta la habéis hecho vosotros, no yo, eh, que conste… Pues la respuesta es bien fácil: algunos de ellos cobran. Yo no.

Ahora sí voy a ser malo. Pero malo de verdad. Y después, prometo contaros algo de la peli arriba mencionada. Bien. Alguien me dijo una vez que la música se puede dividir en música buena (la que te gusta) y mala (la que no). Y que da igual lo que la gente te diga, que lo que para ti es buena música (bien por los recuerdos que te trae, por las sensaciones que te produce o por lo que sea) va a seguir siéndolo por muchos fallos que le saquen (y si te consiguen hacer cambiar de opinión, míratelo, que igual tienes un problema). Por otro lado, lo que para ti es un galimatías de notas indescifrable o un peñazo aburridísimo (me vienen a la mente ciertos cuadros para una exposición de un tal Mu… Epaaaa!!!, no voy a dar nombres, que está feo… Además, al señor Mussorgsky seguro que no le apetece aparecer por aquí), por mil maravillas que oigas hablar del truño en cuestión te va a seguir pareciendo eso: un truño soberano.

Siguiente paso: la música es un arte. La pintura también. Lo anteriormente expuesto, y tranquilos que no me estoy yendo por las ramas (todavía no he perdido el hilo de lo que quería contar, pero dadme tiempo que seguro que lo logro), se puede aplicar fácilmente en la pintura: por mucho que me digan que lo de Pollock es pintura, le diré que sí, pero que me den cuatro botes y un ventilador y seguro que me sale algo parecido. Que conste que algunas de sus obras tienen algo, pero para colgar en una peluquería o un lugar así, no para montar una exposición. Aunque bueno, si invitan al tal Mussorgsky…

Último paso: el cine es un arte. ¡Anda! ¡¡Sí aquí también lo puedo aplicar!! ¡¡oh maravilla!! Pues resulta que entonces, por mucho que vengan los críticos gafapasta estos tan de moda a decirme que “La cinta blanca” es una obra de arte, les comentaré que sí, que tengo un par de cintas de esas en el baño, bien enrolladitas, al lado de unas revistas y que sí que son una obra de arte. Sobre todo desp…. Vale. No hace falta ser escatológico.

Concluyendo: que me paso la opinión de los críticos por el arco del triunfo. Que me he tragado auténticas castañas por su culpa y que por ellos, ahora antes de ver una peli, acabo consultando varios sitios. ¿Que me podía haber ahorrado toda esta chapa? Sin duda, pero es que no tengo sueño, estoy sin tele (¡¡¡Quince días!!!!) y algo tengo que hacer (¡¡¡Quince días!!!!)… Conciencia: ¿leer?… Bueno, sí, podría leer (¡¡¡Quince días!!!!), o tocar la guitarra, pero… Hala. Que sí, que os comento la peli.

La peli, muy maja, por cierto, está bien. Eso sí, si no te van las pelis con ritmo ligeramente lento, el mal rollo, y con algún personaje desagradable hasta la naúsea, esta peli no es la tuya. Tosar se sale en su papel, y me tiene que perdonar, pero no he podido evitar caer prendado de la belleza de Marta Etura, que sale preciosa en la peli (casi como una princesa, je). Tosar hace de conserje, en una trama que no voy a desvelar ya que si queréis saber más de esta peli, está filmaffinity donde podéis consultar todo lo que queráis (a los de filmaffinity: ya que yo os saco en mi blog, me podíais sacar en vuestra web… una por otra, ¿no?;-))…

En realidad esto viene a colación por una cosa: cuando era pequeñito (como decía la canción), en el edificio donde vivían mis abuelos había un conserje. Se llamaba Matías. Era un hombre de pelo gris, vestido con pantalón negro, gorra y camisa clara, blanca de finas líneas grises o azules, que abría la puerta cuando venías, te saludaba desde su garita y si no había nadie, te avisaba para que no subieras (cuánto paro generó el inventor del portero automático, ay…). Siempre me pareció un buen hombre: correcto, educado, amable… Desde hoy, por culpa de Cesar (el personaje de Luis Tosar), he empezado a verlo con otros ojos: un ser frío, calculador, vigilante… mmm… Peligroso, capaz de cualquier cosa para salirse con la suya…

Propongo al inventor del portero automático para el nobel de la paz.

Besos…

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