Lo dije sin saber, pero ¿sabías que en algunos paises son tres los deseos que se piden al soplar las velas de la tarta de cumpleaños? Tres y no uno. Igual por eso nunca se te han cumplido, aunque siempre pidas el mismo y no lo puedas contar, porque si lo cuentas dicen que ya no se cumple. O igual lo contaste una vez y ahora tienes que pedir otro… También puede ser que, tras diez años pidiendo el mismo deseo haya o bien que cambiarlo, o ponerle un nombre, o bien pedir que no se te cumpla y rezar para que el destino te siga llevando la contraria.

Una sala a oscuras; gente y risas, alguien que se acerca con una tarta con demasiadas velas encendidas, gorritos de papel brillantes que destellan con el chisporroteo de las mechas ardientes, una canción, la de siempre y como siempre: desafinada y divertida a la vez; tu cara anaranjada por la escasa luz, una hermosa sonrisa y los ojos brillantes, un soplido, potente, continuo y repartido, oscuridad y esta vez, hazme caso, tres deseos. Cerrarás los ojos, y con ilusión querrás que esta vez, la buena, la definitiva, tus deseos se cumplan. Se encenderán las luces, te sentiras ligeramente emocionada, comenzará la música que se había quitado para el acontecimiento, y mirarás alrededor. Y aunque no me veas, sabrás que estoy allí, escondido entre las notas que se lleva el aire a través de la ventana entreabierta…

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