Oh, ah, sí, qué gran título para la entrada de hoy… Escucho ovaciones que cruzan el mundo entero… No, venga, en serio. Que mira por donde, resulta que el martes al salir del curro, como tenía toda la tarde para mi, decidí irme a dar una vuelta, a ver si se me ocurrían algunos regalos de esos que sólo hacemos en Navidad y que hacen más ilusión en cualquier otro momento del año, por eso de la sorpresa, mientras que en Navidad (que no sé porque la escribo con mayúsculas) es justo al contrario: si los recibes es lo normal y desilusionan si no los recibes… Eh… ¿En qué estaba? Ah, sí.

Eso, que paseaba por el centro de la Ciudad Dormida, una zona de tiendas muy turística, donde puedes encontrar lo mismo que en cualquier otra ciudad. Vamos, que te vendan los ojos y puedes estar en cualquier parte. Y entré en una cadena de esas que venden discos, libros, televisores, cadenas hifi, y en breve igual hasta lavadoras, lencería fina y cepillos de dientes eléctricos, a ver si veía algo para… Ey, que esto lo lee gente… ah, sí, perdón… Eso, que entré para dar un paseo. Y tras un buen rato de búsqueda, perdón, paseo infructuoso, llegué a una zona donde siempre miro, mi favorita, que es la de discos rebajados: la prueba perfecta de que el tiempo pasa: allí encuentro lo que me gusta, no en las novedades, como hace años. Y allí, entre varios que ya están en mi estantería hace años, lustros e incluso décadas (halaaaa, no te pases…) había no uno ni dos sino tres, ¡tres! discos de cuando Gary Moore hacía algo parecido al heavy metal y que no tenía: Run for cover, Victims of future y sobre todo un pedazo de directo que en su día no encontré y que no he dejado de escuchar desde el martes: el We want Moore.

We want Moore es un disco curioso; no tiene un gran sonido, pero me trae recuerdos… Nada en concreto, justo las sensaciones que uno tenía en aquel entonces con entre dieciseis y veinte años y cogía la escoba de la cocina y se subía a la cama a dar saltos como si estuviera dando un concierto (y luego se llenaban las sábanas con la pelusilla que colgaba de las cerdas del cepillo, jeje)… Cuando la sangre fluía a otro ritmo. Aunque también es probable que cuanto más sabes y más conoces, menos cosas te sorprenden… También es verdad que luego uno se sube a un escenario y descubre que, desgraciadamente, es más frío que un bloque de hielo en el Antártico (más que nada porque las cosas en el ártico andan muy jodidas), y rara vez se emociona ahí arriba… Aunque bueno, supongo que debe ser algún tipo de transtorno emocional que debo tener… Otro más… Menuda mina para la psiquiatría…

Bueno, pues eso, que os dejo, que como en vez de regalos me compré discos, hoy tengo que volver a bajar a las mismas tiendas del otro día a mirar las mismas cosas. Con lo que supongo que subiré con más discos y ningún regalo. Como casi siempre…

Feliz… No, navidad no, que acaba pronto… Feliz Vida…

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