No sé muy bien qué poner de esta película… Más que nada porque no considero que sea una peli apta para todos los públicos. Desde luego no es una de esas para ver con un saco de palomitas, cocacola con pajita y hielos, bolsa de chasquis y paquete de caramelos envueltos en plástico crujiente. Y menos mal que no me ha tocado uno de estos en la sala, porque sino escribiría esto detrás de unas rejas.

Desde que recomendé “La delgada línea roja” a un amigo, procuro evitar recomendar nada. No se mosqueó ni nada, sólo me toma el pelo cada vez que hablamos de cine. Defiendo y defenderé a muerte esa peli, que él entendió como una de guerra (ya sabéis, tiros, granadas, explosiones, carreras, coches saltando por los aires, gritos de aaaahhh, oooohhh, me muero, no siento las piernas, frases de chuloputa redomado, hombres musculosos sudados manchados de carbonilla y demás patrañas… ah, me dejo los héroes esos a los que las balas parecen tener alergia ya que no les dan ni guiadas por GPS)… Y resulta que la peli no era de guerra: era una proclama pacifista en una guerra, un canto contra lo absurdo de estas… Un canto contra las brutalidades que en ellas se cometen.

Pues “The Artist”, bajo mi punto de vista, es una pequeña joya para todos los que les guste el Cine de Verdad, con C y V mayúsculas; aquel que se hacía muy al comienzo de su historia y que eran obras de teatro proyectadas en una pantalla, con actores exagerando sus gestos, con música en directo… Con esa magia que ahora ya no tienen. Pese a que no tuvieran sonido, ni color y que la imagen fuese mucho menos perfecta y definida que la que ahora tenemos… Porque sí, ahora tenemos espectáculo, cierto, pero… ¿Tenemos historias?

Tenemos The Artist, un homenaje a los primeros pasos del cine… Y podría decir más, pero igual os la chafo, asi que, ya sabéis… Si queréis verla, perfecto, y si no la veis, perfecto también.

Besos;-)

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