– La hice en Montmartre. ¿Te gusta?

– ¡Ay, no, por dios!.- Dice ella estremeciéndose.- Da bastante mal rollo, ¿no?

– No sé.- Respondo sorprendido.- Tiene mucha fuerza, pero mal rollo… No sé, no se lo veo.

– Es un cementerio, ¿no?

– Sí.

– Y eso es una lápida con una cruz.

– Sí, claro. Es un cementerio

– Pues eso, que da mal rollo.- Hace un gesto como de un escalofrío que recorre su cuerpo. Me encanta, nunca la había visto moverse así.

– Pero…- Intento protestar.- Lo que me gusta es la expresión de la escultura, esa sonrisa enigmática y resignada de un payaso cansado, ese toque triste y nostálgico… Me parece perfecta para el lugar donde está… Por eso la he hecho en sepia, para añadir dramatismo.

– Ya claro, pero imagínate entrar en casa y encontrarte una estatua funeraria que te mira de frente. Quita, quita…

– No, la pondría en mi estudio, en un ángulo ciego al entrar, para que se viera cuando uno da la vuelta.

– ¡Peor me lo pones! ¡Menudo susto!- Nos reímos… Y la conversación sigue por otros derroteros.

::::::: Otro lugar, otro día, otra persona :::::::::

– ¡Qué! ¿te gusta?

– Ay, joder, qué mal rollo.- “¡Otra!” pienso…

– ¿Mal rollo?- Pregunto, descolocado.

– Sí, mal rollo. No sé, es muy tétrica.- Mira mi gesto de derrota e intenta arreglarlo.- A ver, la foto está muy bien, pero… ¡Coño! ¡Si eso es una lápida! ¡Joder, qué mal rollo!.- Repite. Contesto, ligeramente mosca.

– Pues la he hecho ampliar, para la entrada de casa.- Me mira alucinada.

– ¿Para la entrada de casa?

– Sí, va a quedar genial.- Pone gesto de duda.

– Seguro que sí… No te preocupes, son cosas mías… Si a ti te gusta…- Y sale del despacho.

Y me quedo pensando que quizás, sólo quizás, tengan razón…

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