– Ten cuidado, crea adicción.

– Lo sé.- Me responde sonriendo bajo el marco de la puerta de mi estudio. No ha cambiado mucho en todo estos años; alto, de pelo apretado moreno, aunque ahora con alguna cana rebelde que asoma con desparpajo, mirada traviesa, pese a la seriedad de su voz y su forma de hablar.- Pero me apetece.

– A mi también.- Asiento convencido. Sí, reconozco que estaría bien volver a sentir ese calor. Ya casi no me acuerdo.- ¿Se lo comentas?

– Sí.

– Y luego que él hable con… ¿Se suelen ver?

– Sí. Él es con quien tiene más confianza.

– Yo le vi con ganas.- Asiento. Nos quedamos en silencio, escuchando la música que suena de mi ordenador, muy alejada de lo que solemos escuchar.- Y si consigue convencerle, estaría hecho.

– A ver si sale. Estaría bien.

– Sí, estaría bien.- Miro una de las fotos que aguanta el paso de los años clavada ahora en esta pared y antaño en otra de otra casa. Anda que no ha pasado tiempo. Sonrío. Mira la foto y sonríe.- Cuidado que crea adicción. Por eso volví.

– Ya, pero esto sería diferente, con un comienzo y un final.- Asiento.

– A ver.

Le paso los tres DVDs que le he preparado, uno de MeatLoaf con la orquesta sinfónica de Melbourne, una auténtica joya, un directo de Avantasia ante cerca de ciento cincuenta mil personal, y las pruebas para fichar a un batería en Dream Theater, que supongo que le gustará. Nos despedimos.

Toca esperar el siguiente movimiento de este año tan raro…

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