(Quién sabe… puede que esto sea la continuación de lo del otro día)

:::::: Parte II ::::::::

– ¿Quien eres tú?

– Mi nombre es John Rambo.

– ¿Y como has entrado aquí?

– Fácil… Ya no se hacen decorados como los de antes…

Máximo se gira; en una de las paredes puede verse un gran boquete: su pasaje a la ansiada libertad, aquella que le permitirá vengarse de la muerte de su mujer y de su hijo, y todo de manos de un desconocido de aspecto extraño. Se lo piensa unos instantes y le mira fijamente.

– ¿Qué quieres de mi?

– Necesito tu ayuda para rescatar al que va a devolvernos la libertad.

– Sí cruzo ese agujero ya seré libre.

– Eso es lo que tú te crees. Cerrarás lo ojos y volveras a abrirlos metido en este calabozo maloliente, así una y otra vez, hasta que caigas en el olvido. Y vivirás miles de veces la misma vida. Esta oportunidad es única; probablemente la única esperanza de libertad para todos los que son como nosotros.- Lo mira; parece convencido de lo que dice. Y además, empieza a aburrirse de cortar cabezas en ese circo; siempre es igual… Aparece el retiario con su red y su tridente y después de un par de golpes lo parte en dos y el público se vuelve loco como si fuera la primera vez que lo ve.

– Acepto. Te seguiré, pero con una condición.

– ¿Cual?

– Al terminar volveremos a Roma, que tengo un asunto pendiente.- John se ríe.

– Al terminar no te hará falta volver a Roma. A no ser de que desees visitarla como un turista.

– ¿Un qué?- Rambo se apoya contra la pared.

– Venga, salgamos.

Cruzan corriendo agachados hasta la cabaña bajo la que se cobija Decker. Salen de allí y poco a poco escapan del poblado. Buscan una cueva cercana donde organizarse, pero sin dormirse, pues en breve se dará la voz de alarma.

– A ver. Tenemos una misión.- Dice John. Los otros dos le observan.

– Sí. Antes de nada una pregunta. ¿Porqué eres tú el jefe?- Pregunta Máximo.

– Pues porque yo he sido el que os ha rescatado a los dos.

– Ya. Eso sí. Pero a ver, yo he sido centurión en Germania y Roma ha ganado innumerables batallas bajo mi mando. Tú, ¿qué has hecho en esta vida?- John le mira pensativo. Sonríe, irónico.

– ¿Y yo no pinto nada?- Pregunta Decker. Los otros dos lo miran, lo ignoran y siguen con su conversación. Decker se sienta enfurruñado en un rincón.

– Me preguntabas que qué había hecho yo para merecer el puesto de “jefe” de esta banda. La respues ta es fácil: salvar al inútil del centurión que hizo ganar a Roma innumerables batallas. ¿Te parece poco mérito?- Máximo baja la cabeza.- Bien, a lo que íbamos antes de que aquí al compañero le diera un ataque de testosterona.

– ¿De qué?- Pregunta Máximo. John lo ignora.

– Nuestra misión consiste en rescatar al verdadero jefe; ese que conseguirá que no nos quiten la libertad.- Les mira serio, a contraluz de una hermosa puesta de sol en el desierto. Comienzan a sonar gritos de alarma en el poblado cercano. Parece que ya se han dado cuenta de la fuga. Desde lo alto se ven antorchas moviéndose en todas direcciones.- Bueno, es hora de irse, que nos están buscando. Por suerte llevo gafas de visión nocturna, y con eso nos moveremos sin peligro de encontrarnos con nadie.

– Una pregunta.- Dice Máximo.- ¿Que son unas gafas?.- Decker y John se miran sorprendidos.

– Hala, ponte esto y cierra la boca.- Salen de la cueva y se alejan del pueblo.

– ¿Y queda muy lejos el lugar donde se encuentra el jefe?- Pregunta Decker, en un susurro.

– Mucho, en tiempo y distancia, pero no os preocupéis, que llegaremos relativamente rápido.- Les guiña un ojo.

La noche es noche cerrada y fría, como suelen ser las noches del desierto. Es una noche sin luna y despejada. Al cabo de unas horas, se empieza a levantar una bruma densa, y comienza a aparecer vegetación, mucha vegetación, hasta el punto que parecen estar atravesando un bosque frondoso.

Las primera luces del alba descubren un día lluvioso, de nubes bajas y densas, en la mitad de un bosque de altísimos pinos y densos matorrales. Se escucha alboroto a lo lejos; puede verse, en la distancia y a través de la bruma, un castillo.

– ¿Donde estamos?

– Si no me equivoco, estamos en Londres.

– ¿Londres?

– Londinium, para ti.

– Ah, carajo. ¿Y como hemos llegado tan rápido?

– Fácil… Ruedan esto en el plató de al lado…

:::::::: Fin de la segunda parte ::::::

Le estoy pillando el gusto a esto… Igual hasta hay tercera y todo… jejeje

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