Joe, qué días. He debido perder todo mi tiempo en algún lugar y no termino de encontrarlo; hasta debajo del sofá lo he buscado y no estaba. Bueno, ya he vuelto y hasta que me vuelva a ir dentro de unos días, a ver si me da por ponerme delante del teclado y escribir unas líneas. Pero es que ya ha llegado la primavera y, claro, hay más luz, hace algo más de calor, hace buen tiempo, ¡Hace Buen Tiempo! y hay que salir a la calle, que es donde se debe vivir y no escondido detrás de una pantalla.

El otro día hubo una manifestación en la Ciudad Dormida, organizada por todos los sindicatos unidos (por una vez y supongo que sin que sirva de precedente) para protestar inutilmente contra la reforma laboral que ha aprobado el gobierno. Me pregunto yo si lo lógico no hubiera sido hacerla antes de que se aprobara, pero bueno, ellos entienden de esto mucho más, así que si así se ha hecho por algo será.

Se decidió acompañar las manifestaciones con una huelga (¿o era al revés?). Yo, que reconozco ser un poco pardillo en estas cosas, pensé que una huelga en época de crisis, pues como que igual no era muy buena idea. Además, mi empresa no me había hecho nada, sino el gobierno, con lo que no tenía mucho sentido hacer una huelga que iba a pagar mi empresa. Los sindicatos lo justificaron diciendo que era por si acaso, para que supieran (los empresarios) que los trabajadores iban a estar unidos cuando fuera necesario. Vamos, que a la empresa le daban una hostia por si se le ocurría abrir la boca.

Como no comulgaba con la huelga, pero sí con la idea de protestar pues la ley me parece un despropósito, me pillé un par de horas para ir a la mani. Tampoco es que entienda mucho del tema, pero vamos, que si una empresa, para ser más competitiva tiene que bajar el sueldo a sus currelas que al fin y al cabo son los que consumen los productos mal vamos, ya que al tener menos van a comprar menos, con lo que se dará una nueva bajada, y así, llevado hasta el límite, “n” tienda a cero (es una especie de broma matemática), siendo “n” o bien los salarios, o bien el consumo o bien los ingresos de la empresa dentro del país o las tres a la vez.

En la mani había miles de personas; sólo recuerdo una semejante en los años que llevo en esta ciudad (tampoco es que me haya acercado a muchas, he de reconocerlo). La gente coreaba consignas, los piquetes informativos (esos que te informan de que o cierras o te sacudimos) iban visitando los comercios que se habían atrevido a abrir, y escuchabas conversaciones tipo “Oye, ¿donde has comprado el pan?”, “En la plaza del centro había una panadería que no daba abato”, “Ah, pues a ver si me paso luego”; o “Oye, ¿luego vamos a tomar algo a la sociedad? Que he pillado un par de chuletas y buen vino”; conversaciones que dejaban bien a las claras el compromiso de la gente con la historia. Fui en un gesto de sorpresa continua. Ya sabía que vivo en un país de pardillitos acomodados, pero tanto…

Pues que yo sepa, la huelga duraba todo el día, digo yo. En Bilbao parece ser que no, pues jugaba el Athletic eso que antes se llamaba “Copa de la UEFA”. Pues los mismos de los sindicatos que a la mañana habían andado cerrando locales, no pusieron ninguna pega a los bares que abrían para echar el partido. Y allí estuvieron, con sus camisetas del athletic y sus banderas de comisiones, ugt, lab, ela, y el resto. Luchando por el pueblo, desde el bar del pueblo. Con dos cojones. Y animando al athletic. Imposible pedir más.

Luego, al día siguiente uno se entera que a una conocida que curra en uno de esos sindicatos la despiden a lo “Patronal”, es decir, como lo haría el enemigo: tras X años encadenando contratos semibasura, y llevando Y años con el mismo contrato, despido sin carta de preaviso, y veinte días de indemnización por cada uno de esos Y años. Con otros dos cojones. ¿Que me sindique? Sí, igual mañana.

Y luego ves lo que cobran del estado y ya te da la risa.

Mierda. Tenía que haber nacido islandés.

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