– “Es otra mañana de lluvia. Otra más. Radio Dormida emitiendo sin descanso para todos vosotros. Ahora, os dejamos con los compañeros del informativo…”

Apago la radio; hoy no me apetece mi dosis diaria de noticias deprimentes; de accidentes de carretera, de asesinatos en paises lejanos o en el pueblo de al lado, de cruces de cables de algún loco armado, de una nueva invasión, de quiebras bursátiles, de enterarme que el paro ha subido… La cafetera trabaja aún silenciosa sobre el fuego. Es demasiado temprano. Para lo que sea, no importa, es demasiado temprano… Me levanto de la mesa de la cocina y voy a mi estudio. Dudo. Guitarra o bajo. Aunque, a estas horas… Gana guitarra. Vuelvo a la cocina. La cafetera sigue en silencio. ¿La menor? Venga, La menor…

Tiene que ser difícil. Sí. El tío se levanta a las cinco de la mañana, enciende el ordenador y se pone a escribir. Eso es cuando menos molesta… Al La menor… ¿Fa mayor? Hoy toca topicazo, pero vale… Al menos deja al aire la primera cuerda… Otros días, el incesante click de la cámara de fotos, fotografiando… Pero, ¿fotografiando qué, si es de noche?… Líneas de faros, luces, la luna… Todas iguales… Miles de fotos iguales… Otras veces, la guitarra… Aunque sea desenchufada… ¿Un Sol mayor? Ostras, qué original, ironía incluida… Nunca lo hubiera pensado… La guitarra… Rinki rinki… Y es noche cerrada… O el bajo, cuyas vibraciones se notan hasta desenchufado… O el claq claq de las teclas del teclado, cuando lo toca con cascos… Sí… Tiene que ser muy difícil… Mi menor. ¿Mi menor? ¿No vuelves al La m? No, Mi menor. Amen… O esos mil grillos que hay dentro de su cabeza, hablando todos a la vez…

Y luego, sus quejas, a la noche, de que escucha el reloj de la cocina, incluso con la puerta cerrada… Sus miles de vueltas, para arriba, para abajo, levantarse a beber, o ponerse a hablar sólo mientras duerme… Y sus manos, que no paran quietas. Y su dejadez… Difícil, sí… Su estudio, siempre desordenado… Más de ocho libros empezados a la vez, todos, con distintos separadores, repartidos por toda la casa… Muy difícil…

Ahora toca el estribillo… Cantemos a coro… Todos juntos, un día de lluvia en la Ciudad Dormida, otro más… Pondré la radio que pensará por mi… Y por todos nosotros. No han terminado las noticias, pero el sonido de la cafetera ahoga sus lamentos, afortunadamente… Y ese ruido que considera música… Muy, muy difícil… Dejo la guitarra en el estudio. Cojo la mochila naranja, pobre, a la que jubilaré en breve, meto la bolsa con la comida de hoy, me calzo y salgo de casa. Bajo a la calle, hasta el autobús. Me he dejado las llaves… Bueno, da igual… Haré tiempo de tiendas a la vuelta…

Desastre de hombre…

 

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