Acabo de llegar a casa. Son las ocho horas y cuatro minutos de la primera tarde soleada que hace en esta ciudad gris desde hace mucho, mucho tiempo. He salido de trabajar, y como se me habían muerto los cascos en la carrerita matutina pasada por agua que he dado hoy, he ido a comprar unos. Y que caray, a disfrutar del sol, aún un poco frío.

He comprado los cascos, exactamente iguales a los que tenía, nada baratos; 24 euracos por unos sony con almohadillas de silicona, que suenan bien, con cuerpo; no esos que suenan a “teléfono-móvil-usado-como-radiocassete-cutre”. Y de paso, unos protectores de pantalla para el móvil.

Luego, como no me apetecía ir a casa, he puesto rumbo hacia una tienda de discos heavies (bueno, no sólo tienen heavy; hay punk, sinfónico, progresivo… buena música de esa que no suena en la radio habitualmente). Y después de un rato de charleta con el dependiente, convertido ya en “viejo conocido”, he comprado un disco. Sí. Ahora es cuando los medios de información aparecen todos en tropel en la puerta de mi casa, intentando tirarla abajo: “¿Ha sido usted, de verdad?” “¿Se ve capaz de sostener usted sólo la debacle de la industria discográfica?” “¿Que opina de las descargas en internet?”… Flashazos, empujones, gritos, fans enloquecidas en el portal. Pues sí. Lo reconozco. He sido yo; una persona capaz de utilizar el verbo “comprar” y el sustantivo “disco” en la misma frase. Sin conjuntivas (porque “He comprado una funda para el móvil supermolona de cincuenta euros y me he descargado el último de los quiensean” no sirve). Y la frase no ha sido un ejemplo de nada. Ha sido real. Ahora suena el último de Anathema en casa.

Y porque sé que no coincidimos demasiado musicalmente hablando, que si no te lo recomendaría sin dudarlo. Fantástico, tranquilo (quitando un par de temas), con una fantástica producción, y unas voces magníficas. Y así, a la primera escucha, como suele pasarme, sé que este sí, este es de los buenos. Ya sólo por el primer tema merece la pena.

Luego, he vuelto al autobús, con ganas de escucharlo y me he encontrado con un viejo amigo, al que sabía recluido hace meses en su casa preparando el doctorado y al que a partir de ahora me tendré que dirigir como Señor Doctor…

Zorionak Iñaki!!!… Un consejo: no recetes demasiado Kieślowski a tus pacientes… jejeje

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