Hola. He vuelto a soñar contigo. Sí, es la segunda vez; la primera fue en diciembre, y te lo conté. Pude no haberlo hecho, pero no sé, fue un sueño hermoso… Un poco loco, sí, pero hermoso. No recuerdo los detalles, como suele ocurrir con el paso del tiempo… Vamos olvidando nuestros sueños y aparecen otros nuevos que acabamos olvidando de igual modo.

Hoy, aparecía un acordeón gris tirado en una playa. Parecía estar en buen estado, aunque como no entiendo mucho del tema, decidí llamarte. Saqué mi móvil del bolsillo y allí estabas tú, a mi lado. Pero ya no había ni playa ni acordeón; era una fiesta, con mucha gente, y había un concierto. Encima de un escenario, cinco individuos tocaban con cara de estar divirtiéndose mucho y la gente abajo saltaba enloquecida y se les veía gritar con entusiasmo, pero no salía ningún sonido ni de los altavoces ni de sus bocas; sólo se escuchaba el ruido de los pies sobre la tarima, nada más. Caminábamos hacia el escenario entre ellos, que se iban apartando para dejarnos pasar. Tú mirabas al escenario, sonriendo, sin comprender nada… Te girabas hacia mi y ahora estabamos sentados en un sofá, a miles de kilómetros de distancia, en la mitad de un desierto. Al lado, una mesa baja con un acuario de bola y una carpa roja. Un cielo azul y ni una nube. Llorabas, no sé porqué. Y de pronto, un beso. En los labios. Nos detenemos, sin saber que hacer. Miro al pez, que me mira y se transforma en un escenario en el que actua un grupo en silencio, y éste en una playa en la que hay un acordeón gris tirado en la arena mientras me guardo el móvil en el bolsillo. Y estoy sólo. Todo en un segundo.

Me despierto. Las siete de la mañana. Y no llueve. Bueno, ya tengo algo sobre lo que escribir…

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