El hombre que soñó con todo el tiempo del mundo jugaba de niño sentado en la arena. Se sentaba siempre fuera de la toalla, con las piernas cruzadas y el cuerpo hacia adelante, atrapando puñados de fino polvo dorado que dejaba escurrir entre los dedos, como escapan los segundos de un viejo reloj. A veces, ayudado de una ramita, escribía palabras cerca de la orilla; letras que ocultaban algún significado que sólo él comprendía y que el mar borraba un rato después, sin que quedara el menor rastro de su existencia. Siempre se quedaba allí, frente al mar, clavado y en silencio como una estatua, contemplando cómo la marea le robaba, implacable, toda su obra.

Era un hombre extraño, silencioso pero alegre, que caminaba por la vida siempre silbando alguna melodía, a veces conocida, a veces inventada.  Era un hombre extraño, sí, que aterrizó en el mundo sin manual de instrucciones y sin saber muy bien cómo leer y aprender de los demás; había muchas cosas que se le antojaban extrañas y que no acababa de comprender, como la forma de ser de algunas personas, o la reacción de otras en según qué momentos… Cada vez que algo así ocurría, un pequeño cortocircuito se formaba en su interior.

Pero su principal problema es que una vez, hace ya muchos años, soñó con todo el tiempo del mundo… Y creyó que era suyo… Y lo creyó así durante muchos, muchos años… Pensaba que por él no pasaba, que siempre sería eternamente joven y que las heridas del paso del tiempo no harían mella en él… Pero un día, justo antes de bajar a aquella playa en la que jugaba de niño, un fuerte dolor en el pecho hizo que tuviera que sentarse, mareado; alzó la vista hacia aquel cielo extrañamente azul y las gaviotas de la playa se le antojaron buitres volando en círculo a su alrededor, esperando el momento apropiado para bajar sin peligro… Unas horas, unos minutos, unos segundos… Y vió que esos mismos segundos se le escapaban corriendo entre los dedos, como la arena de un viejo reloj… Y entonces, sólo entonces, comprendió de golpe muchos de los errores que tuvo en la vida…

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