Se me acercaba un grupo de gorriones, tímidamente, a saltitos… Buscarían que les echara algo de comer, los pobres, pero no tenía nada que darles allí tumbado, en una playa casi desierta llena de guijarros; tan sólo la foto de un sorbete de limón que una mano sujetaba suavemente al borde de la piscina de un hotel a cientos de kilómetros de donde yo me encontraba.

Cerré mi libro, recién comprado, y del que apenas había leído las dos primeras páginas. Miré alrededor; una pareja de ancianos caminando despacio cogidos de la mano, con los pies metidos en el agua de la orilla… Los gorriones, cada vez más cerca… Las palmeras del paseo de la playa, mecidas por la brisa… Las montañas desnudas que rodeaban el pueblo… El cielo azul, sin una sola nube… Tan diferente que lo que dejaba detrás… Un libro, la playa, el pareo y la música de las olas rompiendo… Casi perfecto… Me faltaba ese sorbete de limón. No otro: ese.

Jugué a imaginar un mundo distinto; algo diferente… Era hermoso… Soñar despierto siempre lo es… Me senté sobre el pareo, mirando a la lejana línea del horizonte, con una sonrisa…

Quizá algún día me tomase un sorbete como ese…

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