Vuelve recurrente a la cabeza vacía esta que tengo mi vieja playa, con su espigón hoy inexistente y sus peligrosas aguas en las que se comenzó a hacer surf por estos lares hace ya un buen puñado de años. Vuelve la imagen de un grupo de chicos extraños con largos tablones debajo del brazo que miraban desde el muro el tamaño de las olas mientras los paseantes, gente ya entrada en años que venían de la compra, los miraban con desconfianza… “Esta juventud, que sólo piensa en divertirse”…

Vuelve otra imagen: la de la gran hoguera que los chicos de aquel barrio entonces semi-marginal y hoy de lo más turístico solían hacer; siempre la más grande de todas las que se hacían en aquellos sub-barrios que formaban el barrio de Gros… Se dedicaban a ir a las otras hogueras y a tomar prestados algunos de los viejos muebles que la gente iba dejando allí… A veces se los llevaban por las buenas y otras se iban corriendo delante de una lluvia de piedras que les pisaba los talones… Eran otros tiempos, sí…

La danza de las llamas, al lado del mar… Sentados en mi viejo muro de piedra, reíamos, e intentábamos hablar… El crepitar de todos aquellos despojos al ser mordidos por el fuego… Las chispas volando en la oscuridad de la noche, bailando al son que les marcaba el viento… El humo y el olor a madera quemada… Las fugaces miradas entrecruzadas de aquellos primeros amores adolescentes… La noche de San Juan…

Sonrío al recordar todos aquellos nombres casi olvidados… Es curiosa la vida, que a veces te aleja de personas que creías tan importantes y luego te acerca a otras que pensabas que eran personajes secundarios… Pero si te pones a pensar, al final, cada uno termina ocupando su lugar en la película…

Ha pasado otra noche de San Juan. No hubo hogueras este año tampoco. Pero al menos, la noche fue despejada en las montañas…

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