Hemos hecho de este planeta eso, un minimundo: las distancias no existen, o al menos no las que se medían en kilómetros (las distancias entre humanos, paradójicamente, cada vez son mayores). Tenemos todo al alcance de la mano cuando y como queremos. Si estás lejos, no hay problema; hablamos como si estuviéramos separados por un pequeño tabique… O mandamos algo, un prqueño mensaje o incluso una foto, con esa pequeña herramienta diabólica que, a cambio de ofrecernos un poco de diversión de pago, permite que estemos siempre localizables. Y localizados. Y localizados, sí…

Si lo piensas fríamente, y si sabes un poco sobre el modo de registro de los móviles, es fácil saber quién estuvo dónde y con quién… Dos móviles que caminan juntos por una playa, o una reunión de trabajo que ocurre en la suite de un hotel de lujo… Paranoias… Sí, claro, pero… Si existe el Google Earth para uso del común de los mortales, preguntaros qué habrá que ni remotamente somos capaces de imaginar… Un minimundo, mezcla de 1984, un mundo feliz y Fahrenheit 451… Bonito…. Tenebroso… Pero total… Como vamos a ser tan felices, no vamos ni a enterarnos…

Ya nadie escribe cartas. En papel. Un boli, unos folios, música, algo de beber y un poco de tiempo. De los cuatro primeros tenemos todos… De lo último ya no. O muy pocos. Y a los que lo tienen, esa caja (o ese plano) que nos adoctrina y embrutece se lo roba. Y si, con gran fuerza de voluntad, uno resiste la tentación de encenderla aceptando ser un semiexcluido social sin temas de conversación, acaba con la sensación de estar perdiendo su tiempo…

Un minimundo… Que acabará lleno de plástico, de humo, de podredumbre, sin vida, gris… De restos del consumismo desenfrenado en el que nos hallamos inmersos… Y del que somos víctimas complacientes… Víctimas culpables…

Te adivino en la Ciudad de las Montañas Desnudas, sentada en tu sofá, leyendo esto… Negando con la cabeza… Sí, tu opinas que la humanidad cambiará, que sabrá evolucionar, que aceptará vivir con menos, que… Sonrío… Cientos de miles de años de humanidad sobre la tierra, de guerras por envidia, bien por territorio o por la mujer del vecino, te llevan la contraria… Los simulacros de paz y amor sólo duran una semana al final de año… El resto del tiempo se afila el cuchillo…

Un minimundo, sí… Con tres volcanes y una rosa que no cuidamos…

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