Ocurre que, en algunas ocasiones, durante la vida nos encontramos nadando a contracorriente. Pueden darse en el trabajo, o en la relación con una o varias personas. Viene a ser como la sensación de que todo sale al revés, que hagas lo que hagas para enderezar el rumbo, nada funciona y todo se tuerce; vamos, Murphy a su máximo exponente. Normalmente suelen ser temporadas cortas, una semana, dos, un mes… Rara vez van mucho más allá de eso. Pero a veces ocurre.

Y en esos casos, algo tan simple como un leve gesto (aunque luego no salga todo lo perfecto que esperabas) puede bastar para que, así de repente, todo siga el curso que crées que debería haber seguido.

Pero hay que hacer ese gesto.

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