La verdad, me lo imaginaba de otra manera… Es algo tan mitificado, de lo que tanto se habla que, no sé, me imaginaba algo distinto… Y además, de la manera que ocurrió, así, de pronto, sin esperármelo, sin ningún romanticismo… Llegar y ahí, ¡pamba! Hecho… Ayer fue eso, mi primera vez… Con cuarenta y un años…

Me imaginaba algo un poco más romántico, más bonito; algo para recordar y no contar a mis nietos (bueno, a los nietos de los demás) porque claro, esas cosas no se cuentan… Me la imaginaba a ella, o a él, que no sé quién fue, viniendo hacia mí a contraluz del atardecer, con una sonrisa, sus ojos azules, el cabello recogido debajo de la gorra, vestida de azul… Sacando su cuaderno y apuntándo algo en él, arrancando la hoja con gesto lascivo y entregándomelo… Yo lo guardaría en el bolsillo, sonreiría y…

Pero no; no ocurrió así. La escena fue muy diferente. Salí del trabajo bajo un aguacero importante, guardé los trastos a todo correr en el baul de la moto, me puse los guantes, el casco, sequé el asiento, todo bajo una infernal jarreada y allí lo ví: en la maneta del freno, el papel doblado, completamente mojado y casi deshecho.

Sin romanticismo. Mi primera vez: mi primera multa…

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