Miraba las fotos con un deje de nostalgia en la mirada, como quien recuerda lo que ya no ha de volver… Las iba pasando una a una, cada cual con su pequeña historia, su momento allí inmortalizado… Y aunque nosotros casi no salíamos, recordaba perfectamente aquello que no se veía en la imagen, lo que había detrás del objetivo de la cámara, fuera de foco… La luz de las calles, la gente comprando regalos, a tí caminando delante distraída, sonriendo cada vez que algo llamaba tu atención tras un escaparate… Y con el alma enaltecida, como en una película romántica…

Pasaba las hojas una a una, recreándome en todas y cada una de las apenas veinte fotos de aquel viaje en el que éramos más jóvenes y soñábamos que todo sería diferente; que todo en el universo tenía un propósito, y que el futuro nos traería los capítulos más bellos de una historia de novela… Luego, ya sabes, giros inesperados como en las buenas películas… Y un final diferente del que el espectador espera… Feliz, pero diferente…

Hace una tarde estupenda, y aquí estoy, inaugurando la nueva temporada de “Escribiendo desde el balcón”, con nuevos capítulos… Desde mi silla de siempre y mi ordenador de los últimos años, que aún aguanta… Y mi taza de café, que esta vez no es blanca y negra…

De vez en cuando hay que dejar que las cosas descansen…

Besos…

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