Parece que ha pasado tanto tiempo y fue tan sólo hace unos días… Tal vez sea el sol, que al salir de nuevo me recuerda aquello, tal vez sea la música, o que, tras tantos días de lluvia manchando los cristales necesitaba volver a ver un cielo despejado… No lo sé. Y no me importa.

En mi mano esa herramienta que nos ayuda a convertirnos en zombies. Y sí, aunque parezca mentira con la vida que llevo últimamente, tiempo: dos horas para mi. Sol de ese que aún no se atreve a calentar, una playa vacía cerca, un libro en la mochila, la mar en calma… Casi perfecto. Vuelvo a mirar mi mano; deslizo el dedo sobre la pantalla… Parece magia y no le damos importancia. Sonrío. Es magia: de la nada surge un plan perfecto.

Al rato estamos los dos sentados, tú en un pareo precioso, yo en una toalla que has tenido el detalle de traerme. Charlamos, mirando cómo las olas juguetean con la arena. El viento, suave, revuelve tus cabellos, que te arreglas, sin darte cuenta. Leemos, cada uno nuestro libro. Pero mi concentración se escapa por el margen izquierdo… Estudio tu lectura, mirándote divertido… Sí, es magia. Pero no tecnológica…

Apenas nos damos cuenta, pero se nos acaba el tiempo, que se cae de los relojes con cada respiración… Nos levantamos, recogemos y salimos al paseo. Toca limpiar los pies y calzarse… Magia que se acaba, pero por favor, un último truco…

Tal vez sea el sol, o la música… No lo sé…

Y no me importa.

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