El otro día la culpable fue una peli… Esta vez no tengo ni idea…

Es mi colegio de la infancia, y corro por las escaleras de metal que bajan de las pistas de hockey a lo que llamábamos la tienda de Garín, que vendía palmeras de chocolate a los más pudientes, trozos de pan al común de los mortales y luego estábamos los que pasábamos a recoger los restos, si quedaban. Paso al lado de la puerta gris que daba al comedor, ese misterioso espacio en el que sólo entré una vez, al acabar los estudios. Ando preocupado; resulta que tenemos clase de inglés y va a ser cantada. Y me toca tocar la guitarra, a la que le falta una cuerda, la quinta, y no me sé los acordes. Siento que voy repasando… La Mayor… La menor… La séptima… ¿Cómo coño es La séptima? ¿Tendrá La séptima la canción que voy a tocar? Empiezo a sentirme nervioso… ¿Y Fa Mayor? ¿Y Fa M9? Ay dios… Voy a hacer el más soberano de los ridículos… Y si suspendo tendré que volver al cole y repetir todo el bachillerato…

Me dirijo a la clase acompañado por bastante gente, todos con la cabeza gacha, como terneros al matadero. Rondamos la cuarentena pasada, pero vestimos pantalones cortos de colegial, calcetines altos hasta justo por debajo de las rodillas, camisa y corbata, maleta de cuero de cierre dorado a la espalda, mocasines… Bajamos las escaleras para llegar al aula que está en lo mas alto del edificio… Sí, es extraño, pero ese es el camino…

De pronto, estoy sólo; un largo pasillo y al fondo la puerta del aula… El aula más oscura del centro… La reservada para los alumnos díscolos… Allí donde examinarán mi pericia con el inglés en guitarra… Joder, que negro pinta mi futuro… Freno mi caminar… Un paso… Otro… Otro más… Una eternidad para recorrer los últimos cinco metros… Miro mi mano, que se levanta hacia el pomo… Se apoya en él… Cojo aire… Abro la puerta… Entro…

La puerta se cierra a mi espalda… Miro hacia donde intuyo que están las ventanas; es como intentar sacar una foto al sol… Un punto de luz me ciega… Cierro los ojos con fuerza, los mantengo así unos instantes y los vuelvo a abrir… Me hallo de pié justo enfrente de una estantería que contiene miles de furbys morados, todos mirándome con los ojos bien abiertos y con la sonrisa de Chucky, el muñeco diabólico. Bajo la estantería hay una cama. La cama está llena de furbys que están parados como si les hubiese pillado haciendo algo malo. Hay un silencio tenso. Me fijo: bajo la cama hay un corderito de peluche con mirada de terror… Imaginaciones mías… Pero sus ojos se mueven… Y pienso… Que bien hecho está todo esto… ¿Cómo habrán conseguido que el muñeco mueva los ojos sin que se note? Y acto seguido, como leyéndome la mente, todos los furbys se ponen a saltar sobre la cama como locos y a lanzarse con violencia contra mi.

Y me despierto.

Acojonado.

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