No hay nada… Ni una sóla luz excepto la de los pilotos… Todo vibra alrededor… Arrancan los subgraves… La muchedumbre ruge… Sonrío… Curiosamente estoy tranquilo… He hecho esto cientos de veces… Verifico que el inalámbrico está encendido, por enésima vez… El volumen del bajo bajado, preparado para ser subido… La cuerda grave afinada en Re, para los dos primeros temas; luego lo cambiaré… Aunque la verdad, me da lo mismo…

Suena el mar… Atrona el mar, a través de los bafles… Junto con una tormenta, una sirena de barco y un teclado… Se acerca el momento… Tan sólo unos segundos… Avanzo en la oscuridad intentando no tropezar… Ocupo mi posición… Coloco bien los dedos… Subo el volumen… Entra una guitarra grabada… Ya no queda nada… La guitarra se cae… Y entra la voz… “Itsaso honetan olatu gehiegi dago, nire ontziak ekaitzari eusteko; kolpeak branka astintzen duenean haizeak darama ausardia… (En medio de este mar embravecido mi barco apenas puede soportar el temporal; cada golpe de mar que embiste la proa arrastra, como el viento, mi coraje…)… Y al acabar la estrofa, como un reloj, de golpe y todos a la vez, se hace de día…

– Qué momento, ¿eh?.- Asiento.- ¿Nervioso?

– En absoluto. Todo va a salir bien. Y hemos hecho esto juntos cientos de veces.- Sonríe.- Que hayan pasado quince años es lo de menos.- Me mira sorprendido. Sonrío.- Estamos los cuatro; es como si no hubiera pasado el tiempo.- Sonríe más. Nos damos un abrazo, girando las guitarras hacia detrás.

A nuestro alrededor todo es locura. Gente que desmonta un escenario a todo correr, gente que monta el nuestro… Técnicos de arriba para abajo llevando de todo, probando cosas… Nos miramos.

– Parece mentira que estén ellos más nerviosos que nosotros, ¿no?- Nos reímos, de nuevo. Nos abrazamos los cuatro por última vez, cogemos aire y subimos la escalera hacia la oscuridad…

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