Suena Loud Like Love. Camino cargado bajo la lluvia incesante, pensando en mis cosas, sumergido en mi mundo y, sin quererlo, sin buscarlo, aparezco en la misma pequeña plaza en la que hace poco me quedé sin aliento… En el mismo sitio donde descubrí que Sigur Ros no es para escuchar en dias lluviosos… Pero hoy es diferente; Loud Like Love me dibuja, sin saber muy bien porqué, un esbozo de sonrisa en la cara. Teñida de dulce nostalgia, es cierto, pero una sonrisa al fin y al cabo.

Observo los chorros juguetones de la fuente que ocupa el centro de la plaza y me detengo un rato… Lo de siempre en esta ciudad: gabardinas oscuras, paraguas, miradas bajas… Exactamente igual que el otro día… Saco mi pañuelo de colores, me lo pongo al cuello y camino hacia la cafetería de las tardes de ensayo. Cruzo el puente, buceando en la lluvia fina y en las notas de la canción, que he vuelto a poner… Cruzo el pasadizo, paso cerca de una escuela de danza, abro la puerta de la cafetería y entro. Las dos chicas me saludan sonrientes (ese músico solitario que se sienta siempre en el mismo sitio y se pone a leer)… Y saco mi cuaderno azul, el del sobre… Y sí, he vuelto al boli y al papel.

Como cuando empecé…

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