– ¿La tuya cual era, la ocho o la tres?

– No recuerdo.- Ella mira al frente, hacia un horizonte sobre el que el mar está bajando, ya cerca de sumergirse en las aguas revueltas, escondido por la bruma que forman las olas al romper contra las rocas.

– Ya.- El suspira.- Yo tampoco.- La tarde no ha salido como debiera; demasiados silencios incómodos, demasiados momentos fríos, y el último recurso, el atardecer, tampoco iba como debía. Ella respira profundamente, se gira y se le queda mirando.

– Oye, son cosas del pasado. No importa cual fuera, me gustaban las dos, y a ti también… Una era tuya y la otra mía, y ya está.- Él asiente, ligeramente cabizbajo.- Lo importante son las sensaciones que te producen cuando las escuchas.

– Ya… Esa ligera nostalgia…

– Eso. Es como un álbum de fotos; te transporta a otra época de tu vida… Y te hace recordar.- El asiente de nuevo, no muy convencido.- Y además, ten en cuenta otra cosa…

– ¿Cual?

– El ocho y el tres, si los giras muy deprisa, forman el mismo dibujo…- Ambos sonríen.- Y uno nunca sabe cuando llegará otra vez un remolino…

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