Corría, sin mirar atrás, como si alguien le persiguiera. Huía, sin saberlo, del ser en el que se había convertido, tan diferente del que una vez creyó ser. Sus pies salpicaban el agua de los charcos de barro en que se habían convertido los caminos de su monte favorito, resbalando de vez en cuando con las hojas con las que el otoño los había vestido. Gritaba, o cantaba; uno nunca sabe…

Sin aliento, al fondo el mar; una línea azul, perfecta, con un aquí y allá de un poco de nubes. Arboles casi desnudos, frío… Amenaza de lluvia… Chillidos de gaviotas, volando en círculo, cruzándose peligrosamente unas con otras… Música en sus oídos, a todo volumen… Buscando una melodía para su última canción… Las manos en las rodillas, inspiraciones profundas mirando al suelo… Falta de aire… Vista nublada… Un minuto, dos…

Corría, mirando hacia adelante, buscando en cada curva las notas que le faltaban para completar algo… Corría como si alguien se le escapara. Avanzaba, sin saberlo, tal vez hacia ningún sitio. Y seguía resbalando con el barro y las hojas con las que el otoño jugaba a esconder el camino… Y cantaba, sí, si a eso se le puede llamar cantar…

Anuncios