En esta ciudad, lo he escrito mil veces, a menudo llueve. Y no es algo que me disguste, como a mucha gente. Disfruto de la lluvia especialmente de rumbo al trabajo, montado en el autobús, mientras la música inunda mis oídos, contemplando las gotas resbalar inevitablemente por el cristal… O rompiendo la superficie de los charcos formados… O, como ahora que es invierno y amanece más tarde, jugando con la luz anaranjada de las farolas…

Y bajo el peldaño que me separa de la calle, embutido en mi chubasquero, con un gorro de forro polar calentándome la cabeza y mi calzado de goretex y, perdido en ensoñaciones varias, camino como un autómata hacia la mina. Y a veces, según la música, me vienen recuerdos de lugares remotos, o de personas que de un modo u otro pasaron por mi vida. Y a veces, horas después de la música, la persona se hace realidad de alguna manera…

Supongo que son casualidades. O eso, o que mi Ipod es mágico…

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