Siempre me han gustado las tiendas de barrio, esos ecosistémas próximos a la extinción de la mano de los grandes e impersonales centros comerciales, esos pequeños entornos semifamiliares en los que todo el mundo se conoce y en los que, además de hacer la compra del día, se disfruta de un buen momento de conversación.

La de mi barrio en concreto es un pequeño ultramarinos familiar que regenta un matrimonio de un poco más edad que yo; buena gente, divertidos, y que conocen y tratan a todos los clientes con la misma confianza que si fueran de la familia, con todo lo malo y lo bueno que ello conlleva. Por las mañanas, vayas a la hora que vayas, te encuentras a todas las jubiladas del barrio, felices, mientran Josema les toma el pelo. Y ellas se ríen, o se fingen ofendidas. Yo prefiero ir por la tarde, cuando el ambiente es más tranquilo.

El otro día fue una tarde de esas. Llovía y tocaba comprar algo de fruta. Cuando entré, Josema estaba atendiendo a un cliente, un hombre delgado que me sonaba de vista, de poco pelo canoso, algo de barba descuidada, rostro afilado y vestir sencillo. Ninguno sonreía. Josema me saludó, y el otro me dedicó un ademán con la cabeza. Cogí la fruta y fui a pedir algo de embutido. Y por casualidad, como quien habla del tiempo, comenté:

– Oye, qué fuerte todo esto de las noticias de ayer, ¿no? Hay movida para Rato…

– Ya te digo.- Contesta Josema. Y el otro salta:

– Esto tenía que ser como en los setenta en mi país.- Hace un gesto de absoluto desprecio.- Ibamos, a la salida de la Universidad, a buscar a todos aquellos hijoeputas que nos robaban, y si los encontrábamos, paliza que te crió… Y eso cuando no se nos iba la mano…- Lo miramos sorprendidos; parece un tío tranquilo.- Y ahora me acuerdo, de aquel mal parido, un policía, un tal González… Hijoeputa… Ese cabrón nos hizo un día una redada en la Universidad y a tres amigos míos los trincaron y los colgaron de una viga por las muñecas mientras les pegaban con porras por todas partes… Uno murió y todo, y otro casi pierde un brazo… El tercero acabó jodido de la pelota… Siempre acojonado… Pero a ese pedazo de mierda sí que se la hicimos… Vaya que sí… Perro… A ese hijoesumadre se la dimos aquella noche que lo pillamos de putas en un bar… Según nos vió salió corriendo el muy valiente… Pero lo trincamos en un callejón, vaya que sí… Y allí… Pum, pum… A tomar por culo…

– Eh… Josema, ¿me cobras?

– Eh, sí… Cuatro veinte…

Me encantan las tiendas de barrio, aunque a veces…

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