Es curioso; ideas un título, esperando que a partir de ese par de palabras vaya creciendo una historia, pero rara vez ocurre. En la música de fondo que suena en la habitación un piano construye una melodía simple a la que se van añadiendo diversos instrumentos: una guitarra, un conjunto de cuerda, un violín… Pero ninguna historia. Y se vuelve a quedar el piano sólo.

En la nebulosa de la noche aparecemos los dos como vinimos al mundo. Aunque no estamos sólos. Nos abrazamos, mirándonos a los ojos, enredados entre las sábanas, en la mitad de un bosque, a la luz de la luna llena que a ratos nos espía entre las nubes. Pero una voz interrumpe: acuérdate de revisar las facturas… Y hay que comprar yogures… Y tender la ropa… Y me descentro… Y desapareces. Y entre mis dedos sólo quedan las sábanas… Y se vuelve a quedar sólo el piano, con la misma melodía.

Voy sentado mirando hacia atrás en el autobús. Y lo confirmo: la humanidad está perdida. Todos contemplan absortos, como imbéciles, una pequeña pantalla de la que sale una luz hipnótica. A su alrededor la vida va pasando, pero ellos están ahí, mirando fijamente unas pulgadas de luz idiota. Ya nadie habla. Todos escriben… Ok. Ok. Ok… Y de nuevo, el piano queda sólo…

Por la playa corre un perro, asustando a las gaviotas, ladrando feliz. No busca ningún palo, sólo corre de un grupo a otro de gaviotas. La playa está vacía con las primeras luces del alba. La marea, baja y tranquila. El perro, lo dicho, feliz. Su dueño, abducido tras esa luz absurda. Nadie mira alrededor. Y el piano sigue sonando sólo.

Pero nadie lo escucha…

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