No toca hoy puesta de sol. ¿Sabes que nunca hemos visto ninguna? “No puede ser” te escucho decir, pero sí, en efecto: nunca hemos visto ninguna. Amanecer sí, uno, hace unos años, un par o así. Estuvo bien, pero hay que reconocer que no era el sitio adecuado para verlo. Era el sitio adecuado para ver un atardecer. Y es que cada momento tiene su lugar. Excepto si estás perdido en mitad del océano, o en una cima muy alta…

Hoy no toca puesta de sol, no. Aunque pudiéramos verla, las nubes y la fina lluvia que han traido no nos dejarían. Estaríamos bajo un paraguas, sentados en un muro de piedra fría y mojada, con tu cabeza en mi hombro, contemplando el horizonte. La gente pasaría cerca, mirando a ese pobre par de idiotas ahí sentados, mojándose el culo. Y tendrían razón. En todo.

Hoy no toca puesta de sol, no. El ocaso fue ayer, cuando el sol se puso poco a poco, centímetro a centímetro y ni tú ni yo pudimos verlo. Fue un ocaso trabajado, sentido, doloroso, golpe a golpe, nota a nota, como el martillo del escultor dando forma a la noche. Yo no estaba, y tú tampoco, pero nadie pudo evitarlo: el sol se puso y dejó salir a los montruos que se esconden bajo la cama…

Hoy ya no hay puesta de sol. La última fue la de ayer…

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