Dentro de este cuaderno azul en el que escribo, entre sus páginas, más o menos por el medio, he encontrado un sobre. Sí, un sobre. A los que no recordáis lo que es, os lo aclaro: dentro se metía una carta, se pegaba un sello en la esquina superior derecha, se escribía una dirección (o a veces dos, una delante y una detrás) y se enviaba, entregándolo bien en Correos o metiéndolo en un buzón. Si ya me decís que no recordáis lo que es una carta, o un sello, o un buzón, o incluso Correos, pues nada; os buscáis la vida.

No recuerdo su origen… ¿Lo compré? ¿Me lo encontré? ¿Me lo dieron? ¿Con qué fin lo guardé? ¿En qué o en quién pensaba cuando lo hice? Repaso mi cuaderno buscando pistas y veo en él títulos de entradas que nunca escribí, trozos de canciones que nunca terminé de componer… Mira, ¿ves? mi mochila en un rincón, un puñado de recuerdos a olvidar… Y tal vez, en alguna habitación, una maleta vacía por hacer…

Rebusco… Títulos… Una dedicatoria para ese libro que nunca escribí… Y ese sobre… Ese sobre escondido, sencillo, blanco y vacío… Sin una sola pista y dentro de un cuaderno con muchos, muchos kilómetros…

Y sonrío, sentado en un banco de la calle, con las piernas en alto, un bajo a la espalda, la mochila en la pierna y la música de un disco gemelo en mis oídos… Y pelado de frío. La gente al pasar me mira extrañada; alguien escribiendo con un boli en un cuaderno azul… Sin teclado… Sin pantalla… ¿Que os cuente lo que es un bolígrafo y un cuaderno? No. Eso ya no me lo creo.

Pero ya llegará…

 

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