La melodía es simple; un piano que toca notas sueltas, con una base de acordes de tres notas, todo despacio y tranquilo, sin nada que destacar… Pero relaja. El portátil sobre la mesa de la cocina, castigado mirando a una pared en la que alguien parecido a mi pero quince años más joven está acompañado en la cima de un monte cercano en un día con nubes y claros. La foto está torcida, pero no importa, es lo de menos. A un lado del portátil, una taza de café descafeinado con una cucharilla dentro, y al otro el maldito móvil, que ni de vacaciones me deja tranquilo…

La cortina de agua avanza, borrando todo a su paso… Abril, mes de lluvia… No sé si hace cuarenta y cinco abriles ya llovía, o empezó a hacerlo entonces… Sí, lo sé; a quién le importa… Lo sé…

Sigo sintiendo el puñal en la espalda; cada vez que me pica y me intento rascar contra el marco de la puerta lo noto ahí, impidiendo que me quede a gusto. Quien lo hubiera pensado, ¿eh? Por la espalda, sin avisar… Muy bien… Bonito… Noble… Supongo que todos somos como somos, y que al final del cuento quedaremos retratados de esa manera… Lo siento, y no por mi…

Sí, algo así como un café torcido y una cortina, tapando una foto de agua…

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