Era invierno, cuando en casa era verano. Sobre una roca pelada miraba aturdido el horizonte… Las sombras que creaba el sol al jugar aquel atarceder con las cimas de las montañas y la fría y ligera bruma… La cordillera de en frente, con sus cimas de más de cinco mil metros… Te sientes pequeño, ¿sabes?… Allí, sobre una roca, ante aquellos gigantes de piedra que han visto extinguirse cultural enteras… Otro humano más, pequeño, temporal, insignificante…

En las tiendas de campaña todo el mundo intentaba descansar y aliviar el dolor de cabeza. En mis oídos, aleatoriamente, la música perfecta para ese lugar, como pocas veces me ha ocurrido en la vida… La piel de gallina y las lágrimas buscando una vía de escape, ante la increíble belleza unida de paisaje y música… Y una y otra vez, la misma canción en mis oídos… Para no romper la magia… De pié, sin moverme, com una estatua sobre su pedestal… Sólo sintiendo…

Una guitarra, una voz y poco más…

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