Veo llover, con José González sonando de fondo. Es curioso, me hace sonreir… La lluvia pesada, como hacía tiempo que no la veía… Y me he dicho, hoy voy a darle un rato a los puntos suspensivos, que entre que he estado un mes fuera de casa, sin acceso al mundo digital (o liberado de él, según se mire) y que tengo la casa patas arriba llena de polvo… Pues eso. Y es un vicio ver llover, por fín, tras la ventana…

Los colores del otoño parece que vienen con pereza este año, ya en noviembre y aún hay más verde que ocre… Ulia, cuanto tiempo sin recorrer tus caminos… Sin respirar tu aire, sin sentir el ruido de tus hojas cuando el viento susurra… Sin el mar rompiendo contra tus acantilados… Sí, lo sé… Como siempre, la culpa es mía…

Tarde de trapo de polvo, de desmontar guitarras y bajos para limpiarlos una vez que esté todo lo demás, de encierro voluntario para poner ciertas cosas en orden y revolver otras… Pero ahora es tiempo de mirar tras el cristal, ver la lluvia, escucharla acompañar de fondo a José González, como una percusión ligera, sin tiempo, un poco sin ganas… Y pensar… Y sonreir… Y claro, recordar…

Y es que cómo pasa el tiempo… Diez años ya que empecé a dejarme caer por aquí… Anda que no ha llovido… Y anda que no hemos vivido…

Y pensar, sonreir y, claro, recordar…

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