Sobre la mesa blanca hay un plato vacío manchado de grasa, un par de cubiertos sobre el plato y un vaso con medio dedo de agua. La luz incide directamente sobre ellos ya que, por alguna extraña razón y tras meses de lluvias constantes, hoy hace sol. En la radio suena la voz de Angels Barceló comentando encantada la dimisión de Donald Trump, que ha decidido dejar su cargo al darse cuenta de que más de la mitad de los estadounidenses no le apoya, sobre todo después de que a raiz de no limitar el consumo de gases con efecto invernadero el aumento de cancer de piel en su país (y en el resto del mundo, pero eso no les importa) haya sido importante. Mariano Rajoy hizo lo propio en España un par de semanas antes (un escándalo sexual, la corrupción es tan generalizada que no es noticia) y el país vuelve a estar sin gobierno. Aunque la verdad, apenas se nota la diferencia.

Salgo al balcón. Las calles siguen mojadas y tristes. No circulan coches… Los prohibieron temporalmente debido a los altos niveles de contaminación. El silencio es tan intenso que casi se escucha. Las nubes bajas corren rápidas dejándose trozos de algodón en las cimas de las montañas. Pero el sol calienta, por fín. En la antena de la casa de delante hay posada una gaviota famélica que a duras penas mantiene el equilibrio. Cruzamos las miradas un instante y en sus ojos siento una mirada de condena. Sí, lo sé. Nos hemos cargado el mundo… Tanto correr, tanto estar a la última… Tanto comprar algo cuando lo que tengo me aburre… Tanto plástico inútil envolviendo más plástico… Magdalenas envueltas individualmente dentro de bolsas de plástico… Y barritas de pescado… Y panes con doble bolsa… Y cápsulas de café individuales de un sólo uso en su caja preciosa de cartón… Y tanto mi móvil tiene una marca en el cristal me compro uno nuevo… Y tanta estupidez… Sí, lo sé… Tienes razón… Y sé que parte de la culpa es mía… Si hubiera dejado de comprar todo aquello… La fruta en bandejas plastificada, los yogures con cartón, metiendo todo en las bolsas que te daban los supermercados en vez de llevar mi bolsa de tela… Si no hubiera cambiado de móvil cada dos años… Si no me hubiera movido con mi coche todos los días hasta el trabajo yendo yo sólo y hubiera usado la bici o el trasporte público… Todos aquellos viajes al otro lado del mundo cuando ni conozco los pueblos de al lado… Si no hubiera hecho tantas cosas…

Ahora ya no hay remedio. El polo Norte es un recuerdo. La Ciudad Dormida también, como tantas que estaban a nivel del mar… Mi casa sigue estando donde estaba, pero las vistas han cambiado bastante… Lo que antes era el muelle de un puerto ahora es una inmensa bahía y las casas cercanas hubo que derribarlas para contruir nuevas infraestructuras… Y las ventanas que antes daban al norte desde las que sólo veía árboles… Casas y más casas de toda la gente que hubo que reubicar…

Sobre la mesa blanca hay un plato vacío manchado de grasa, un par de cubiertos sobre el plato y un vaso con medio dedo de agua… Angels sigue hablando, como música de fondo… Pero la música que suena es triste… Canta sobre contaminación y muerte… Sobre pobreza y dolor… Un brindis a la estupidez humana…

Despertador…

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