Va pasando el tiempo, segundo a segundo, y del reloj de nuestra vida se va fugando la arena, grano a grano, sin darnos apenas cuenta… Guisante a guisante… Y en el plato, restos de un filete de lomo, y algo de cebolla. Me miras, y me sonríes… Y pienso que, joder, esa mirada… Dios… Me rinde… Y el viento comienza a soplar con fuerza, como han anunciado.

Silban las cuerdas del viejo tendedero donde hoy la ropa se seca en segundos… Una melodía aguda, cortante, fría… Las luces de la ciudad brillan lejanas, como cada vez que la luz se va en nuestro barrio, tan lejano del tuyo… Corren las nubes, o lo que intuyo de ellas en esta noche sin luna, oscura como pocas veces… Y en días así, me da por recordar…

Algo que, total, no conduce a nada… Soñaba hoy que, estando en una playa soleada, de día y muy bien acompañado, jugaba con un perro blanco y pequeño… Le lanzaba una pelota y él la traía y no me la daba… Y así una y otra vez aparecían pelotas en mi mochila, una fuente inagotable… Y él, con una montaña inmensa a su lado… Hasta que alguien decía algo como “¿vas a dejar de jugar con el puto perro? Es hora de irse y tenemos que comer”… Mi “ahora voy” de siempre, que siempre es un “dame un rato”… Y le lanzaba otra pelota, sonriendo feliz, pasando de todo, viendo como él corría con la pelota de vuelta… Mira que juego más simple… Luego acariciaba la cabeza del pequeñajo, lo cogía en brazos y, como broma, lo lanzaba al agua, un pequeño río que pasaba al lado…Y él caía patas arriba, con gesto de sorprendido, mirándome sin comprender y, por alguna extraña razón, incapaz de darse la vuelta… Y veo cómo se aleja, mirándome, rígido como una estatua, sin poder sacar la cabeza del agua, con cara de no entender lo que estaba pasando… Yo me levanto, me sacudo la arena, y me dispongo a irme… Alguien me vuelve a llamar… Y camino dos pasos en su dirección… Hasta que una voz en mi cabeza me dice un “eso no está bien, tío… Se va a ahogar… Por tu puta culpa… Y es un amigo…”. Joder. Tiene razón… Y salgo corriendo siguiendo el río… Lo veo bajar, en la misma posición, pero con los ojos ya cerrados. Salto al agua, lo saco y le doy la vuelta… Lo apoyo en el suelo y se queda en pie, rígido como una estatua… Contengo la respiración… Su piel mojada… Y tose… Y abre los ojos, desorbitados… Y me mira fijamente, con incredulidad, incomprensión, sorpresa y dolor… No entiende nada… Y yo tampoco… Ahora diluvia alrededor, pero no me importa… El se aleja despacio, renqueante y dolorido, supongo que sin ganas de saber nada más de mi en lo que le quede de vida… Y yo me quedo tumbado, mirando al cielo, temblando mientras la lluvia me castiga con fuerza… Y alguien me espera, pero no me importa…

Anuncios