-Yo tenía unos amigos…- Dice el concursante, mirando sonriente a cámara.- Pero un día decidí que valía más el dinero que su amistad. Ya sabe: más vale billete en mano que ciento volando.

El presentador lo mira, fijamente, con una sonrisa de comprensión mil veces ensayada ante un espejo. Juega con un micrófono grande pasándolo de mano a mano. Espera a que el concursante siga hablando, pero preparado por si se calla, como es el caso.

– ¿Tan poco valía esa amistad que la cambió por unos billetes? Porque si era amistad, seguro que habían pasado grandes momentos juntos.

– Muy grandes, la verdad.- Sigue sonriendo mientras mira a cámara. El público guarda silencio.

-¿Entonces?

-Bueno, tal vez sea que la amistad está sobrevalorada. Al final lo que cuenta es llegar a fin de mes.

– Espero que al menos le diera para pasar una buena temporada. Aunque, a largo plazo, el dinero no hace mucha compañía ni da conversación…- Dice el presentador.- Ahora vamos a… A Jugaaaarr…

Se abre el escaparate. En el se ve una mesa negra, con un ordenador portátil, siete CDs de música, más de veinte calendarios antiguos, ordenados por año, una alfombra y una batería, de cocina. Y aúlla el presentador:

– Y el precio justo de este escaparate es de….

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