Tan sólo coincidimos una vez en toda nuestra vida… Una sóla, y fíjate la que se lió… La única vez que hicimos algo a la vez: cruzar una puerta. Realmente no fue así, porque ella salió primero, pero me gusta pensar que lo hicimos juntos…

Luego siempre fuimos al revés en todo; en la forma de ser, ella abierta y yo cerrado; en la manera de vestir, ella bien y yo un desastre; en la manera de viajar, ella tardaba horas en prepararlo todo y yo un minuto; en la manera de creer, ella creyente y yo agnóstico con una inclinación más que marcada hacia el ateísmo de corte radical; en la manera de vivir, ella a tope y yo, pues que quieres que te diga, dejando a veces que se escaparan demasiados segundos; en la manera de enfocar el futuro, ella con niños y yo lejos y ni en pintura… Y, sobre todo, en el espacio tiempo… Cada vez que ella se iba yo llegaba y al revés… Y oye, aún y todo nunca perdimos el contacto, ni la amistad, ni el cariño más profundo…

Estoy sentado en la mitad de la postal; hoy la playa aparece vacía si exceptuamos tres chicas que juegan a hacerse fotos con bikinis un poco ridículos para mi gusto (señal de que voy envejeciendo), y un hombre alcohólico a diez metros a la izquierda que va vaciando poco a poco una botella, una de esas que ayudará a enterrarlo… El sol se cuela a momentos entre las nubes negras que corren por el fondo de la imagen… Y hace frío… Y la música no ayuda demasiado… Y aquí estoy,  jugando a imaginar, mientras los barcos se mecen en la distancia, ignorantes del temporal que anuncian para mañana… Y aquí estoy, jugando a imaginar… En vez de estudiar para el examen de mañana… Jugando a imaginar… ¿Te imaginas que en lugar de una vez hubieran sido dos? ¿Qué hubiera pasado entonces? 

El Cristo de lo alto del monte tiene una mano levantada… Y desde aquí no consigo verlo bien pero… Parece que hace un no con un dedo… Será cabrón… Que sabrás tú lo que corre por mi mente… o ¿sabes leer el vacío? 

Sale el sol de nuevo… Es hora de irse…

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